Existen varios estudios que anteceden este planteamiento, principalmente investigaciones de tesis de grado e instituciones gubernamentales que han planteado la problemática de infraestructuras para el acceso de personas discapacitadas.
Retana, J (2007) en su investigación de tesis de grado, hace referencia de algunas cifras porcentuales importantes para considerarlas en este estudio, él menciona al CENARE (Centro Nacional de Rehabilitación) como la fuente que otorga la cifras con respecto a la población con discapacidad en Costa Rica la cual se aproxima a un 10% del total de los habitantes, lo que implica que cerca de 400.000 personas que poseen algún tipo de discapacidad. Además agrega que la OMS (Organización Mundial de la Salud) menciona que estas personas se han topado en las últimas décadas, con obstáculos físicos, ideológicos, estructurales, sociales, culturales, económicos y políticos, que les han impedido llevar a cabo un desarrollo emocional adecuado.
Además hace mención de otra fuente, Céspedes (2007) quién agrega que la atención que estas personas reciben a nivel institucional, se centra principalmente en el área física, al tiempo que el desarrollo emocional pese a que es tomado en cuenta en algunos casos, no representa una prioridad en las intervenciones de los principales entes, por lo que aspectos personales como son sus emociones y su sentir, quedan relegados, olvidando que estos constituyen una parte fundamental del desarrollo humano.
Además de lo anteriormente señalado, se encuentran las infraestructuras públicas y privadas, las cuales en ocasiones poseen una construcción física discriminatoria, al no contar con los mecanismos más adecuados para poder cubrir la mayor cantidad y diversidad de necesidades de estas personas, lo cual dificulta el acceso a diversos servicios, tal y como lo señala el CNREE (2006) en su análisis de la Ley de Igualdad de Oportunidades, 10 años después de su puesta en marcha.
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